
Este roble, de más de 400 años de edad, se denomina Caracocha por el gran agujero que tiene en su tronco, considerándose el Roble Sagrado. Se encuentra en la praza del Ayuntamiento y presidiendo su escudo.
Se relaciona con el origen del término de Ribeira Sacra. Algunos historiadores indican que ésta fue una mala traducción; pues en el documento fundacional del Monasterio de Montederramo, figura el término “rovoyra sacrata”; cuya traducción correcta sería Roble Sagrado.
El término Roble Sagrado, tiene origen en una leyenda que dice que en los tiempos del rey Alfonso XI, cuando la peste azotaba Galicia, las hojas de este roble fueron el remedio que salvó cientos de vidas.
Todo empezó cuando la hija del señor de Lemos contrae la enfermedad. Este acudió al Monasterio de Montederramo para que el considerado el boticario más sabio de la corona, Bernardo, encontrase el remedio para su hija. A pesar de los esfuerzos del boticario, la hija del señor de Lemos estaba cada vez más débil, llegando este a amenazar la vida de todos los monjes si su hija moría. A pesar de la amenaza mortal, el boticario y sus ayudantes seguían sin encontrar un remedio. Uno de los aprendices más jóvenes, tras desaparecer durante varios días, regresó con una mujer, Elvira de Boborás, para que los ayudara; pues había crecido escuchando como esa mujer era capaz de curar enfermedades incurables.
Estas afirmaciones, enfurecieron al boticario, que acusó al aprendiz de blasfemo y a la mujer de bruja, apresando a ambos. El abad, temiendo que la amenaza de muerte se cumpliría pronto, los liberó una noche esperando un remedio. Elvira, se dirigió al roble plantado en el medio del pueblo y, buscando entre sus ramas eligió y cortó algunas, encerrándose en la botica con ellas. A la mañana siguiente, le entregó un ungüento al abad. Nada más enterarse el boticario, encolerizado consiguió que los demás desobedeciesen al abad, encarándose con Elvira. La llevaron maniatada y desnuda hasta la plaza, atándola al roble, donde le prendieron fuego.
Cuando el ayudante iba a correr la misma suerte, llegaron los hombres del señor de Lemos y lo impidieron, pues el remedio administrado tuviera efecto. No llegaron a tiempo de salvarle la vida a Elvira, pero si a su remedio; pues esta dejara la cura de las hojas de roble en su celda.

